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jueves, 29 de agosto de 2013

Motivación (Vlog, perdón, blog)

En un momento auge de procesamiento mental, cuando las palabras se amontonaban en mi mente y han estado luchando por salir hasta que me he puesto enfrente de este documento, he hecho una reflexión.
Vale, quizás en realidad es que después de cenar una tortilla española que me ha hecho sentirme prácticamente igual que M.L.K cuando dijo lo de “I have a dream”; ver el partidazo de final de Supercopa de España, navegar un poco por la red y hacer acto de limpieza de dormitorio; pues me ha dado por escribir unas líneas.

La gente que mola y es creativa a más no poder hace “Vlogs”. Mientras, el resto, cuando queremos decir algo, nos aguantamos y no lo podemos decir, así que lo escribimos.
(Sí, llevo con la frasecita en la cabeza cuarenta minutos).

Hacer balance es algo peligroso, porque como muy bien dijo… alguien, las personas tendemos a olvidar lo bueno y recordar lo malo. Lo peor es que es verdad.

(No me digáis que eso no habría quedado mucho mejor dicho en un vídeo que escrito, ¿eh?)

Así que paso de hacer cuentas y ver qué he hecho y qué no he hecho en estos dos mesecitos que se acaban en breve. Y aquí es cuando comienza a coger significado el nombre del post.

(Aquí una intro bien editada con el título…)

Estoy convencido de que hay cientos, sino miles de post, vídeos, cartas de recomendación con el mismo título, y probablemente este texto no vaya a ser muy distinto a algún escrito que ande por ahí. De hecho ni siquiera será el mejor, aunque también tengo claro que no será el peor…

(Aquí un cambio de luz y música daría a entender que entramos en zona profunda).

Si has estado leyendo lo que he escrito todos estos meses, sabrás de muy buena mano (la mía), que peco bastante de irresponsable con esta página, y soy más bien poco perseverante con las cosas que no me interesan, y demasiado “poco echao’ p’alante” para algunas otras; entre muchas otras cosas. Es decir, conozco dispositivos USB con más voluntad que yo en según qué cosas. Pero también es cierto que cuando escribo algo (en este caso en el vlog diría “cuando digo algo”), se me hacen las cosas más fáciles. Así que puedo decir que me alegro de que lo que me ayude a aclararme sea escribir, y no correr media maratón, por ejemplo.

(Pequeños segundos de una maratón)

A lo que iba, esta nueva etapa (de clases, fin del verano, etc.) me gustaría empezarla con una dosis extra de motivación. Sí, dichosa palabra lo mucho que significa. Me gustaría hacer planes, crear, organizarme mejor, cambiar. Me gustaría intentar hacerme la vida más emocionante (que no más fácil) y, por qué no pedirlo, hacerle la vida un poco más fácil a los demás.

Ya que a día de hoy no soy una persona que sirva de ejemplo, me gustaría DE VERDAD que cuando leas esto pienses: si este cafre es capaz, ¿por qué yo no? Yo tengo más que claro lo que quiero. Bueno, quizás lo tenga claro a un 20 %, pero algo es algo.

Si publico esto es porque (repito) me gustaría DE VERDAD que este sea un punto de inflexión para más personas, además de para mí. Bien es cierto que el título del post daba a entender que lo que ibas a leer era unas palabras motivadoras recién sacadas de un libro de autoayuda, pero no es así. Es más bien un reto. Os reto, TE reto a coger y buscarte tus motivaciones, a escribirlas, a guardarlas para ti o compartirlas pero, por encima de todo, a cumplirlas.

No os pienso engañar diciéndoos lo sencillo que es porque llevo DÍAS solo para convencerme de esto. O quizás es que proceso muy lentamente lo que la gente normal tardaría un par de minutos. En fin. Dejemos de simplemente pensar lo que queremos hacer, lo que queremos cambiar, y simplemente hagámoslo. Pero antes, escríbelo, ya que (y hablo con la voz de la experiencia) si las palabras se las lleva el viento, hay ciertos pensamientos que si se quedan en eso, pensamientos, no valen nada.

Yo ya he empezado, ¿qué vas a hacer tú?


(Final apoteósico del vídeo, Comment, Like y Subs por favorrr).

sábado, 8 de junio de 2013

La parodia del muerto

Aquí os dejo lo que considero mi pequeña obra de arte.
Nos leemos

Una pareja salía del hospital. Sus rostros lo decían todo, no necesitaban hablarse. Él, abatido pero en lo más profundo de su ser reconfortado, había envejecido en esos trece meses más de lo que lo había hecho en los últimos veinte años. Le apretaba la mano con fuerza a ella, que había cambiado aún más. Unas arrugas que parecían haber estado siempre allí recorrían la piel de su rostro, descolorido por el torrente de lágrimas que había liberado durante el último año. Ambos, todavía en shock (quién lo iba a decir) comenzaban lo que sería una nueva vida
***
No siempre he estado muerto. Yo solía estar vivo. Vivía con mi familia y tenía la vida de cualquier adolescente. Los estudios me iban bien. Acaba de confirmar mi viaje de fin de curso. Todo iba de cine.
Un día como otro cualquiera me desperté. Me duché y vestí. Fui a desayunar y monté en un taxi. Es irónico que mis últimas palabras fueran: "Al aeropuerto." Acto seguido saqué mi diario y me puse a escribir. En un momento dado, sobre las diez de la mañana cambió todo. Oí un ruido agudo, un chillido, una fuerza que tiraba de mí hacia delante, una presión y ya está. Un kamikaze estuvo haciendo de las suyas por la carretera nacional, y como la mayor parte de las veces, quienes salimos peor parados fuimos nosotros. Afortunadamente el conductor del taxi sobrevivió en un estado muy grave; cuando liberaron mi cuerpo del taxi yo ya no estaba con él. Lo que más me molestó no fue morirme. Ni siquiera el kamikaze, el pobre acababa de perder a toda su familia en un accidente por su culpa hacia 3 semanas. Lo que verdaderamente me molestó fue que no me pude despedir de mis padres. Cuando llegaron ya estaba entubado, no les pude decir ni adiós. Lo peor es que el intento de despedirme dio falsas esperanzas a aquellos que me engendraron, y que deseaban con todas sus fuerzas que me levantase y me fuese con ellos. Ellos entendieron mal, pensaban que estaba luchando por mi vida y decidieron trasladarme al hospital.
Cierto es que mis heridas se cerraron y mis huesos se soldaron. Pero lo malo de estar muerto es que aunque tu cuerpo se regenere, tú no lo haces.

Con el paso del tiempo me encontré en lo que sería para mí una prisión, mi cuerpo. Los médicos no decretaron mi muerte, sino que evaluaron un coma, y eso fue mi perdición. Meses y meses en los que me tienen clínicamente vivo atado a múltiples aparatos que me inyectan todo tipo de sustancias para que mi cuerpo no se deteriore, para que mi prisión siga funcionando

Bien es cierto que lo único bueno que obtuve en esos meses compensó con creces todo lo malo que te pueda ocurrir en una eternidad. Y es que desde la perspectiva que me encontraba podía hacer algo que jamás podría hacer un vivo. Veía lo que la gente de mi alrededor sentía. No leía su mente, simplemente era como si captase los estímulos que liberaban sus sentimientos, como si verdaderamente pudiese acceder a su mente. Y sinceramente, eso es lo mejor que le puede pasar a alguien en vida (y en muerte).
Nadie jamás podría imaginar lo que unos padres aman a sus hijos. Cuando se desató mi nuevo don, mi mente se sobresaturó tanto que estuvo dos semanas en estado de shock. Yo no entendía por qué, pero era una sensación tan agradable... Creo que el símil adecuado era como si hubiese consumido una droga tan potente que me noqueó durante dos semanas, pero fueron las dos semanas más placenteras de mi vida. Según me recuperé me volvió a pasar, cada vez sentía más cómo todo lo bueno recorría mi cuerpo una y otra vez, chispazos continuos recorrían mi columna vertebral y sentía un cosquilleo en todas las partes de mi piel. Lo bueno de estar muerto es que puedes sentir cosas que estando vivo te matarían de lo intensas que son. Si eso significaba morir, quería pasar muerto el resto de mis días. Con el tiempo y controlándolo como podía, pude volver a pensar con mediana claridad. Y entonces lo comprendí. Esa sensación era el AMOR que sentían mis padres hacia mí. Sus mentes eran verdaderas ametralladoras que disparaban hacia mí sin cesar. Si hubiese estado vivo, creo que habría llorado y no soportaría esa intensidad de sentimientos.
Desgraciadamente al cabo de los días aprendí a dominarlo, y conseguí ir más allá. Veía el SUFRIMIENTO de mis padres, era un sentimiento tan grande que si tuviese que compararlo con algo... Era como si la Luna te cayese encima y aplastase y tú siguieses vivo sufriendo un dolor infinito. Ese sentimiento era solo comparable con el de su propio AMOR hacia mí. 'El ying y el yang' opinaba amargamente. Pero cuando pude ir aún más allá descubrí un sentimiento que sin ser tan grande (era una porción infinitesimal comparada con el AMOR y el SUFRIMIENTO), y siendo bueno, me dolió mucho más que el de verles sufrir. Era ESPERANZA. Esperanza de que siguiera vivo. Me dolía porque yo estaba muerto y eso no podía cambiar. Y porque mientras ese sentimiento existiese, por ínfimo que fuera, me estaba condenando a la eternidad.
Entonces odié, odié con todas mis fuerzas y descubrí dos cosas más. Que estando muerto la percepción y alcance de los sentimientos aumentaba exponencialmente, y que lo que yo sintiese era proyectado hacia mi alrededor, variando los sentimientos de los que me rodeaban. Esa proyección de ODIO me dio esperanzas, pensé que acabaría con la ESPERANZA de mis padres. No solo no la afectó, si no que además aumentó aún más su sufrimiento, y entonces sentí como si volviese a morir...
En las siguientes semanas probé con toda clase de sentimientos, y lo único que hacían era variar los niveles de AMOR y ODIO. Por más que luchase no encontraba manera de salir de ahí, lo que me producía aún mas ODIO hacia mí mismo.
El tiempo pasó y en algún momento cerca del día 400 me rendí, y COMPRENDÍ que prefería estar en esa prisión el resto de mi días antes que aumentar el SUFRIMIENTO de mis padres, y eso fue de alguna manera mi salvación.

Al fin y al cabo era cierto, de una manera u otra había seguido luchando. Dejar de hacerlo presionó el interruptor que faltaba. Mi ESPERANZA, que se había mantenido oculta tanto tiempo, se cambió por la COMPRENSIÓN, que alcanzó a mis padres inmediatamente. COMPRENDIERON lo que yo había estado pasando todos esos meses. De alguna manera u otra creo que esa proyección fue tan fuerte que afectó a todas y cada una de las personas, vivas y muertas, del planeta Tierra. Pero eso era otra historia.
Mientras mis padres llamaban a los médicos que al fin me liberarían, dediqué mis últimos esfuerzos a algo que había estado ensayando los últimos meses de mi no-vida.

En el instante que desconectaban el último aparato, hice una última proyección. Y así fue como tras 13 meses de inactividad cerebral y corporal, mi cuerpo sonrió, y yo pude abrir los ojos a una nueva existencia.

jueves, 30 de mayo de 2013

Mundo

Todo pasa y todo queda
pero lo nuestro es pasar
pasar haciendo caminos
caminos sobre la mar.
                      (...)
  J.M. Serrat


Hay veces que es más fácil y otras veces más difícil. Escribir es expresar muchas cosas a la vez, y por eso a veces no resulta tan sencillo. 

En algunos momentos, como ahora, da la sensación de que escribir nunca será suficiente para decir lo que uno quiere, pero al menos hacer el esfuerzo de intentarlo merece la pena.

Hoy quería hablar de algo complicado, muy doloroso, de algo que compartimos todos y cada uno de nosotros. Algo en la mayoría de los casos cruel, siempre injusto, aunque a veces liberador.


Yo escribo actualmente desde la más completa ignorancia en este sentido, y aún así me es prácticamente imposible expresarme, pocas veces me había pasado algo así. Bueno, allá voy.




Para vosotras, para él que os acompaña, para los que os ayudan, para ella.


Mundo


Érase una vez una inmensa ciudad llamada mundo. En ella vivían millones de casas agrupadas en urbanizaciones y a su vez en barrios. Había casas enormes, pequeñas chabolas, urbanizaciones de lujo, con fachadas llenas de colorido, balcones y plantas; y otras que, más modestas, formaban hileras de chalets de igual apariencia por fuera. La región era continuamente sacudida por terremotos, algunos más grandes, otros más pequeños. Unos más bruscos, otros que duraban en el tiempo. No había nada que temiesen las casas más que un terremoto, era un tema de conversación tabú, y siempre se trataba de evitar pensar en ellos: sabían perfectamente los estragos que podían causar. Casas grandes, urbanizaciones enteras se habían caído por pequeños temblores.

En un punto de aquella ciudad existía una pequeña casa que no sobresalía de las demás. Una casa en la que paredes y suelos vivían felizmente. Y allí estaban los dos pequeños tejados de esa casa. Cada uno hacia un lado, haciendo esa graciosa forma triangular que tanto caracterizaba a la casita. Con el paso del tiempo había habido reformas, y había aumentado su tamaño hasta convertirse en una modélica casa de la urbanización.

La casa era sujetada por dos enormes columnas que sostenían la techumbre. Gracias a esos pilares, los tejaditos podían mirar qué había más allá, dormir bajo un manto de estrellas; podían anhelar un futuro en algún lugar maravilloso de aquellos que describían los pájaros cuando se posaban sobre los tejados para descansar.

Pero un día se empezaron a oír siseos. No era nada del otro mundo, pero eran inquietantes. Al cabo del tiempo los siseos se tornaron en susurros, y de ahí a vibraciones. La casa entera se asustó, pero viendo que no esos temblores no afectaban a los pilares que la tenían en pie se tranquilizaron. Entonces un día, ocurrió.

Una sacudida brusca, como las cientos de miles que ocurrían a cada instante en esa inmensa ciudad; pilló desprevenido a ese hogar. Todo se tambaleó peligrosamente y, cuando el suelo volvía a la calma, un pilar cayó. Se levantó una increíble polvareda que penetró en los poros de todas y cada una de las partes de esta casa. El resto de la estructura se sacudió, y toda ella se resignó al derrumbamiento inminente.

Los dos tejaditos se asustaron: Ese pilar era uno de los que los sostenían allí arriba, tan alto. Esos pilares se habían sacrificado desde el principio para llevarlos hasta lo más alto. Y ahora, allí, en la cima del mundo, tuvieron miedo.

Siempre habían visto a esos dos pilares que les dieron vida como algo que estaría allí para la eternidad. Ni siquiera cuando se empezaron a oír los siseos bajo tierra se les ocurrió pensar que era posible que ocurriese algo así. Pero ocurrió. La casa había quedado severamente dañada, y ahora los tejaditos se mantenían allí entrelazando sus manos para no caer. Estos tejaditos se miraban cara a cara durante largas horas. Pensaban que no volverían a ver las estrellas fugaces surcando el firmamento, condenados a guardar esa posición para evitar la inminente caída. Con el paso del tiempo las lágrimas les inundarían los ojos al mirar brevemente hacia abajo y ver qué había ocurrido. Entonces se apretaron mucho más fuertemente para evitar el derrumbamiento que se avecinaba.

Todas las casas de alrededor se aterraron por la noticia. Pero la noticia fue muchísimo más allá. Los pájaros que tantas veces se habían posado sobre la casa esparcieron la noticia en todas direcciones, y muy pronto se supo la fatal noticia, y lo que podía desencadenar.

Mientras, los dos tejaditos habían dejado de llorar. Sus lágrimas se habían derramado creando un pequeño charco en el lugar que había dejado la columna. Pero estos tejaditos no se habían fijado, porque habían cerrado los ojos. No aguantaban más. Entonces, al cabo de los días, una noche abrieron sus párpados lentamente y se miraron fijamente. Sin más comunicación que dos miradas, acordaron soltarse las manos y dejarse caer al vacío. Con una última sonrisa volvieron a cerrar los ojos, separaron sus dedos y se enfrentaron a la caída.

No pasó nada.

Pasaron unos breves instantes, y al no sentir ningún impacto, y sentir que seguían de una pieza, abrieron sus ojos lentamente intrigados, y miraron hacia abajo una vez más. Lo que allí vieron las hizo llorar de nuevo:

Debajo, unos metros más allá de donde sucedió el desastre, se levantaba una nueva columna. Pero no era una columna cualquiera. No pretendía sustituir a la que ya había antes, pues era imposible, sino que era… distinta. Al recorrerla con la mirada observabas su increíble composición.

En vez de una columna maciza, lo que allí se levantaba era una sucesión de pequeños elementos de lo más variopintos: desde tejas y pequeños nidos hasta montones de plumas y serrín. Una pequeña paloma que tantas veces había conversado con ellos acababa de aparecer por la ventana, y terminaba de colocar una ramita que acabó de estabilizar la estructura. Los dos tejaditos observaron el nuevo pilar, tan flamante, tan distinto, pero a la vez tan parecido.

Al escuchar la noticia, esta recorrió largas distancias en apenas un breve periodo de tiempo. Mundo, esa ciudad que ya se había resignado a los temblores y al derrumbamiento de tantas y tantas casas, se enfrentó a ellos.

Nada más conocer que los dos tejaditos se mantenían en pie, todos y cada uno de los habitantes de Mundo aportó su granito de arena en un acuerdo global que no necesitó palabras para materializarse. Las aves se ofrecieron a transportar todo, y así pronto Mundo entero quedó volcado en esa casita. Pájaros de todos los tamaños transportaron grava, tejas y ladrillos que las casas ofrecían sin parar. Pero también llevaron nidos usados, y sus propias plumas que habían perdido en las mudas.

Y así, poco a poco, se fue levantando una columna que alcanzó casi tan alto como donde estaban los tejaditos. Cierto era que esa columna no habría sido capaz de llevarlos hasta esa altura, ese era un papel que solo pudo hacer el pilar original; pero al menos pudo sostener el suficiente tiempo a los tejaditos, que abrieron los ojos a una nueva vida.



***

Mundo era una gran ciudad. En ella vivían millones de casas agrupadas en urbanizaciones y a su vez en barrios. Había casas enormes, pequeñas chabolas, urbanizaciones de lujo, con fachadas llenas de colorido, balcones y plantas; y otras que, más modestas, formaban hileras de chalets de igual apariencia por fuera.

En un punto de aquella ciudad existía una pequeña casa que no sobresalía de las demás. Una casa en la que paredes y suelos vivían felizmente. Y allí estaban los dos pequeños tejados de esa casa.

La casa era sujetada por dos enormes columnas que sostenían la techumbre. Una de ellas, había estado allí desde el principio. La otra era una columna única en Mundo, una columna hecha de amistad y amor, la clase de columna que se merecían dos tejaditos como ellos.

Nadie había reparado en el hueco donde algún día se había asentado la columna que allí había estado tanto tiempo. En ese hueco, que tiempo atrás había sido inundado con las lágrimas de los dos tejaditos, un pequeño jardín de malvas y amapolas dotaban al lugar de una nueva vida. 


martes, 28 de mayo de 2013

Scribo...ergo sum

Hola a los lectores que todos los sábados por la noche os sentáis en familia alrededor de la pantalla del ordenador esperando con ansia una nueva entrega de mi blog. Sé que he estado ausente, y la culpa es únicamente mía, podéis quejaros (pero poco, que aquí los que no comentáis sois vosotros...)

Bueno, pues eso, dentro de que no tengo excusa estos últimos días estoy más que liadísimo con todo, pero me auguro un verano llenííísimo de cosas que hacer y proyectos que llevar a cabo. Solo espero que con ellos pueda actualizar más a menudo el blog y así ofrecer un contenido de calidad, que al fin y al cabo eso es lo que os merecéis.

Por otro lado, para los que seáis fieles a mi blog os habréis fijado en un par de cambios que quiero explicar:

Primero, habréis visto que he añadido un link (que van a ser dos) en enlaces de interés en mi blog. Son un par de blogs de unos amigos que ya sabía que escribían. Tienen mucho más talento que yo (que no es difícil), así que os animo a echarles un vistazo, y me comentáis.

Y segundo, he ramificado el blog. Ahora hay una sección (que no deja de ser otro blog, Some life scripts) en que recogeré únicamente mis relatos y ensayos, para aquellos que prefiráis admirar mi escaso arte literario en vez de zamparos todos mis post idas-de-olla.

Esta ramificación es debido/gracias a un lector (¡Sí! ¡Tengo lectores! ¿Increíble no?) que me aconsejó el seccionarlo porque no había quien se creyese que la misma persona que escribe Secreto de dos hiciese unos reviews tan efusivos de unos actorazos como son los chicos de Águila Roja. Bueno, yo soy así, y en este blog soy tan sincero como me permiten mis palabras (uy, que tierno quedó eso). En definitiva, gracias lector por tu recomendación.

Una última cosa: ya que no puedo actualizar tanto como quería y un blog se debe a sus seguidores, a partir de ahora trataré de escribiros algunas líneas todos los días. Mensajes breves, cuyo título irá acompañado del término [Actu]. Así sabéis que es una actualización diaria en la que os contaré cómo van mis ideas y mis episodios de demencia transitoria, que no son pocos.

Lo dicho, nos leemos prontito, espero que este pequeño cambio de enfoque del blog sea de vuestro agrado.
Hasta el próximo post ;)


PS. Si algún/alguna iluminad@ viese algún error en el título de este post, le agradecería enormemente la corrección, gracias .

lunes, 18 de marzo de 2013

(uno de los 365) DÍA(s) DEL PADRE

Buenas a todos. Os debía un post y no veía mejor manera de recuperarlo. En un día como hoy, 19 de marzo, las grandes empresas se frotan las manos pensando en lo mucho que van a ganar con el amor hacia nuestros padres. Miles de objetos: papeles de regalo, ceniceros de arcilla, dibujos-pseudoretratos familiares, marcapáginas, portavasos, yates (de estos últimos cada vez menos...); encuentran en hoy su día. Así que yo hago mi propuesta. Celebremos cada 19 de marzo el día de la empresa y de los portavasos. Quiero decir, ¿de verdad a estas alturas hay alguien que piensa que los padres del mundo se merecen un día de celebración? Yo creo que no. Es decir, con lo que nos soportan: que si no les dejamos dormir de recién nacidos, que si tienen que estar atentos cuando damos nuestros primeros pasos, que si al hospital corriendo porque el nene o la nena se ha caído. Que si papá quiero ir a Disney, que si quiero ir a Faunia, que si no quiero ir al médico, que si la verdura no me gusta. Que si papá déjame dinero para comprarme algo. Que papá, con toda mi ilusión te regalo por quincuagésima vez un cenicero con mi huella, que si toma dibujo que no entiendo ni yo...
Qué queréis que os diga, un padre no se merece un día de celebración. Se merece seis o siete vidas completas de celebración. Que solo aportando 23 cromosomas (en algunos casos ni siquiera eso) han conseguido hacer de nosotros humanos hechos y derechos. Que con las veces que les contestamos mal, que no les dejamos trabajar, con los gastos que conllevamos... Sinceramente, no se me ocurre cosa más estresante. Así que allá vosotros, pero si necesitáis que sea 19 de marzo para acercaros a vuestro padre y abrazarle como si no hubiera mañana, ir a mirároslo. Yo creo que no debería ser el día del padre, sino la vida del padre. El padre, ese ser que nos da la vida, de comer, casa. Pero también nos da valores, principios, nos hacen ser quienes somos. Así que si eres hijo, no esperes a que sea el día del padre para hacerle saber lo que se aprecias a ese humano que tanto nos quiere. Y si eres padre, gracias. Gracias por soportar a tu hij@, gracias por formar parte de uno de los proyectos más importantes de este mundo: la vida de una persona.

A continuación os dejo unos súper-ultra-mini párrafos que explican de alguna manera lo que no se puede explicar.

Y así quiero concluir con una reflexión. Yo no soy perfecto ni mucho menos, pero dicen que lo humano se encuentra en la imperfección. Toda mi imperfección se la debo a dos personas. Mis padres. Gracias mamá. Gracias papá.
Os quiero
Jose



Se alquila padre
Informamos a todos los humanos del mundo que alquilamos a nuestro padre. No hay quien le soporte. No se puede ser mejor persona. Su mera existencia hace que no podamos vivir sin él. Como no entendemos como se puede querer tanto a alguien, queremos saber si somos los únicos a los que nos pasa algo así.
A cambio no aceptaríamos ni todo el oro del mundo, ni siquiera la pokédex nacional completa. De hecho me imagino lo que habréis babeado el teclado pensando en que podríais disfrutar de un padre como el mío. Lo siento, solo existe un "Mejor Padre del Mundo, y OS ASEGURO que es de nuestra propiedad.

El juicio
Señor juez, vengo a denunciar a mi padre y su lista interminable de delitos. Nos AGREDE a besos si ve que nos pasa algo. Por más tristes que estemos, ASESINA nuestra tristeza. Es ladrón confeso, el ha ROBADO nuestras mejores sonrisas. SECUESTRA nuestra ignorancia, FORZÁNDONOS a aprender más cada día. TRAFICA con nuestros sentimientos, pues sabe que no podemos vivir sin un TE QUIERO. Dígame, señor juez, ¿no es motivo suficiente para meterle en prisión?

Carta al 'Más allá'
Estimado 'Más allá'. Les escribo desde el 'Más Acá', o en su defecto el 'Menos Allá' para consultaros una duda. Quisiera saber cuantos siglos de condena eterna me esperan. Si la respuesta es que ninguno, me gustaría saber que clase de enchufe tengo por ahí arriba. ¿Le caigo a alguien tan bien como para estas cosas? Si la respuesta sigue siendo negativa, agradecería saber que fui en mis otras vidas. Barajo entre seis premios Nobel de la Paz (seguidos), o Dios. Algo excesivamente bueno tendría que ser para que me toque el padre que me ha tocado, ¿no?
Atte.
Jose

ESTADÍSTICA

En un día nacen 259200 niños. Eso significa que 259200 vidas han nacido. 259200 partos han sucedido. Por cesárea, naturales, qué más da. 259200 de las fecundaciones que se han llevado a cabo hoy acabarán convirtiéndose en personitas. Bien por amor, por logros científicos, o por otros procesos. Lo que es claro es que está sucediendo continuamente. Más de 500000 personas se enfrentan al reto de ser padres, por pareja o independientemente. Pues bien, si coges cualquiera de esos 500000 humanos y lo metes en una centrifugadora, observarás un fenómeno increíble. Más de el 90% de ese humano es amor verdadero, esa clase de amor que solo se siente unas pocas veces en la vida, y en un nacimiento es una de esas veces. Eso sí, tras el experimento vuelve a dejar al sujeto donde estaba, pues si hay un sentimiento que supere al de amor hacia un hijo es el de amor hacia un padre.

PS. Rogamos usen sus centrifugadoras para fines científicos, hablábamos en términos figurativos


Mensaje del ejército
Es el día del padre. Preparen sus cargamentos, cárguense de cariño y disparen a bocajarro hacia sus progenitores. Fuego a discreción, esta guerra ha comenzado y no volverá a repetirse hasta el año que viene, así que aprovechen la oportunidad.


En lo que has leído esto han nacido más de 550 niños en el mundo; lo que nos lleva a saber que más de 550 personas pasan a ser "el padre" de alguien. Felicidades a todos esos "el padre" de alguien.

domingo, 17 de marzo de 2013

Érase una conciencia

Sé que os debo un par de post, dadme tiempo y me pongo al día. Hoy os dejo un ensayo que tenía a medio acabar... Allá va.



¿Qué es la conciencia? La conciencia es como un alvéolo pulmonar: no se ve, pero se necesita para vivir. Bien es cierto que no tener una vocecita que te esté corrigiendo continuamente puede parecer hasta cómodo; pero si esto se generalizase todavía estaríamos luchando con palos y piedras para conseguir algo de fuego.
La conciencia nos ayuda a evolucionar, eso está claro. Pero también es un arma de doble filo, lo que la hace  peligrosa. La conciencia es la que nos define, y a la vez en ciertos casos la más voluble. Está mal no tener conciencia, aunque eso implique tener futuro en la carrera de político, ser villano de Marvel o sobrevivir a un Apocalipsis zombie.

Siempre queda bien un párrafo filosófico de introducción. Ahora hablemos claro. La conciencia se tiene o no se tiene. Si no se tiene, malo, ve a que te lo miren. Y si se tiene, en algunos casos peor, porque nunca se puede agradar a la conciencia. Siempre está sacando las cosas de contexto. Y yo no la respondo, porque luego dicen no sé qué de que hablo solo, no sé cuántos de esquizofrenia... La conciencia saca lo peor y lo mejor de uno mismo.

Yo, supongo que como todo el mundo, he tenido períodos en los que la mala conciencia no me dejaba dormir. Por suerte o por desgracia siempre acabo haciéndola caso, así que nos llevamos más o menos bien. Bien es cierto que aunque como sensación no aporta mucho anímicamente tener la conciencia tranquila, sí que es cierto que te deja un espacio vacío para poder llenarlo con otras cosas. Y eso no se puede desperdiciar.

Y ahora concluyo con otro párrafo de esos filosóficos que solo sirven para confundir...

La conciencia, en definitiva, es como un saco de ladrillos: puedes apilarlos formando un muro que te impida avanzar, tirártelos por encima por masoquismo o construir una escalera que te lleve aún más alto. (Augh!, qué profundo!).

A ver si con un poco de suerte vuestra conciencia os impide no dejar un comentario, o difundir mi blog ;)

Un virtual pero intenso saludo a conciencia
Jose

miércoles, 6 de marzo de 2013

Algunas citas

En este breve post os escribo unas citas que considero máximas en mi vida, de alguna manera me están ayudando continuamente. Ahí van:
"Hay dos tipos de personas: Las que consiguen lo que quieren y las que no se atreven a conseguir lo que quieren." Película: Ciudadano Kane

"¿Y si en vez de planear tanto voláramos un poco más alto?" Mafalda - Quino

"Éxito es que aquellos a los que admiras algún día te admiren a ti." Risto Mejide

"Tener un amigo no es cosa de la que pueda ufanarse todo el mundo" Antoine de Saint-Exupéry

Bueno, pues esta es mi aportación de hoy.
Nos leemos

lunes, 4 de marzo de 2013

Nunca hacemos fácil lo difícil

Parece que nos cuesta. No sé si es porque disfrutamos complicándonos la vida o en realidad existe alguna razón desconocida. Lo que en un principio podría ser de cajón con un poco de ayuda, lo enrevesamos y elevamos al cuadrado con tal de que sea más difícil todavía.
No hay necesidad de hacer difícil lo fácil. Y también lo hacemos. Cosas como las mentiras, los engaños y las trampas son los ingredientes para complicar las cosas. Más de 10000 años de humanidad, los últimos dos mil de historia, y a estas alturas no nos damos cuenta de que complicando las cosas no se llega a ningún lado: argumento principal de películas e innumerables obras literarias. Pero nosotros erre que erre.

Solo los pocos afortunados consiguen esa quimera de "hacer fácil lo difícil" son capaces de cumplir sus sueños. Y eso es una realidad. Los que dejan de lado la regla de poner pegas a todos y se enfrentan a cualquier cosa, ESOS son los que consiguen lo que se proponen. Y si no lo hacen, como no se han complicado, lo vuelven a intentar.

Ahora mismo yo estoy en una situación extraña. Ese punto en que me he dado cuenta del problema pero no le pongo solución. Decir que es costumbre o es genética sería lo fácil. Pero la verdad solo es una, y es que no me atrevo. No me atrevo a cumplir un sueño. No me atrevo a enfrentarme a los retos que esto conlleve. Miedo al rechazo. También tengo miedo a no estar a la altura. Pero en lo más profundo de mi ser creo que tengo miedo a lo fácil. A que de repente se vuelva todo un camino de rosas sin esperarlo.

Lo que sí sé es que por mucho que escriba no voy a conseguir nada. Pero también sé cómo soy, y si tengo que empezar algo suele ayudar que lo escriba, ya pasó otras veces.
Hagamos fácil lo difícil, tan fácil como eso. Y una vez lo hagamos, cumplamos nuestros sueño